All about ‘Nashville’

En sus primeros ocho episodios Nashville, el último coqueteo de la cadena ABC con la soap opera de prime time, ha ido de más a menos. La serie creada por Callie Khouri abrió con el mejor piloto de la nueva temporada televisiva pero se ha estancado en tramas circulares y lugares comunes.

Nashville

Nashville propone una radiografía de la llamada ‘Ciudad de la Música’ a través de una pretendida mixtura de géneros. Lo culebronesco convive con el melodrama romántico, el musical e incluso el thriller político. Sin embargo, en la práctica, las tramas sentimentales son las que acaban llevando todo el peso argumental relegando al resto a lo meramente anecdótico. Lejos quedan pues los planteamientos de la serie de la ambición de la película de Robert Altman del mismo título.

A partir de aquí, SPOILERS de los primeros ocho episodios de la serie.

El principal problema de Nashville en este primer tramo de temporada ha sido el abuso del triángulo amoroso como dispositivo narrativo. Veamos. Tenemos a Rayna-Deacon-Juliette por un lado, a Gunnar-Scarlett-Avery, por el otro. Están también Hailey-Gunnar-Scarlett y también el triángulo Peggy-Teddy-Rayna. En definitiva, la conclusión que nos queda es que los guionistas de la serie apuestan únicamente por los celos como fuente de conflicto para que las tramas evolucionen. Especialmente tosco resulta, en este sentido, el uso de esta estrategia en el caso de la relación Scarlett-Gunnar. Primero la serie plantea una relación nacida de la nada entre Gunnar y Hailey, la productora asociada de la discográfica para la que trabaja, únicamente para despertar los celos de Scarlett. Después, sin ningún complejo, se repite el mismo esquema a la inversa. Scarlett liga de forma fortuita con un chico en un bar para que Gunnar haga evidentes sus sentimientos hacia ella de nuevo a través de los celos. Lo peor de todo viene después. Cuando parece que por fin las cartas ya están sobre la mesa y el triángulo amoroso ya ha quedado resuelto, la trama se estanca.

Lo mismo ocurre también en el caso de Rayna y Deacon. Por momentos, parece que Nashville adolece de un exceso de tensión sexual no resuelta o quizá lo más apropiado sería decir de un exceso de destensión sexual no resuelta. En definitiva, los guionistas se pasan de cautos. La cuerda en ningún momento se tensa, ningún acontecimiento sacude el statu quo. Los personajes se limitan a agachar la cabeza y a sufrir en silencio mostrándose casi siempre excesivamente afectados. Soy perfectamente consciente de que el amaneramiento emocional es intrínseco a la soap opera, sin embargo, encuentro en el caso de Nashville un exceso de aflicción para tan poco melodrama.

A pesar de lo dicho, guardo grandes esperanzas en la serie. Creo que tiene un gran potencial y en la segunda mitad de la temporada puede solventar la mayor parte de sus problemas. El argumento Eva al desnudo funciona, eso es evidente. Cada vez que Rayna (Connie Britton) y Juliette (Hayden Panettiere) comparten escena la serie sube enteros. Además, la relación de Rayna con su padre o la de Juliette con su madre, están todavía por explotar. Por último, no debemos olvidar que los guionistas se guardan un as en la manga: Maddie, la hija mayor de Rayna, podría ser hija de Deacon y no de Teddy, tal como se dio a entender ya en el episodio piloto. Cuando esa bomba estalle, la vida de los personajes dará un vuelco y sospecho que los espectadores estaremos más satisfechos. Son las leyes del drama.

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