La mutación de los zombis

En la primera mitad de su tercera temporada, The Walking Dead ha confirmado una mutación que se venía anunciando desde el tramo final de la temporada anterior. La serie de AMC se ha desprendido finalmente de una narración excesivamente subordinada a la creación de mecanismos de suspense para optar por la sorpresa como motor del relato.

The Walking Dead

Con el cambio, hemos pasado de un ritmo basado en la dilatación temporal al vértigo de una sucesión frenética de acontecimientos.

No es sólo que la ficción televisiva haya enlazado con uno de los tramos más intensos del cómic. Glenn Mazzara supo detectar a tiempo que la solución a los problemas de la serie se encontraba precisamente en la obra original de Robert Kirkman. Al fin y al cabo, el mismo Kirkman deja bien claro en el prólogo del primer número del cómic que The Walking Dead es una “gran saga épica” que relata cómo sus protagonistas reaccionan ante situaciones extremas. Se hace evidente, pues, que la narración que tenemos entre manos está basada en un mecanismo de acción/reacción en el que la acumulación de acontecimientos es clave para entender la evolución de los personajes.

A partir de aquí, SPOILERS de los primeros ocho episodios de la tercera temporada.

Como escribí hace un tiempo en In Media Res, The Walking Dead arrancó optando claramente por una estrategia narrativa basada en el suspense que la distanciaba de la obra original. Por ejemplo, en las viñetas el lector descubría al mismo tiempo que Rick que su esposa, Lori, y su hijo, Carl, seguían con vida. En la serie, en cambio, Lori y Carl se presentaban desde un inicio y el relato jugaba a retardar el reencuentro familiar. En su momento interpreté esta decisión como una maniobra para captar la atención del espectador independientemente de lo familiarizado que éste estuviera con el cómic. La dilatación temporal, junto con ligeras variaciones argumentales respecto a la obra original, alimentaba la incertidumbre sobre el desarrollo de los acontecimientos. Sin embargo y a medida que se sucedían los episodios, quedó demostrado que la serie estaba errando el tiro. La cocción a fuego lento del relato daba lugar a un estatismo que dejaba al descubierto la poca profundidad de algunos personajes.

En esta tercera temporada, en cambio, The Walking Dead está sabiendo captar a la perfección el desenfreno del comic book concentrando la mayor cantidad de golpes de efecto vistos en una serie en lo que va de temporada televisiva. Recapitulemos. El arranque, “Seed” (3.1), nos deja con Hershel mordido y posteriormente amputado por Rick mientras descubrimos que nuestros protagonistas no están solos en la cárcel. A continuación, en “Sick” (3.2), Rick liquida al líder de los presos en un visto y no visto mientras que el siguiente episodio, “Walk with me” (3.3), abre con la reaparición de Merle Dixon. Por si fuera poco, justo a continuación, la serie lleva el dispositivo narrativo del impacto al extremo. “Killer within” (3.4) se salda con la desaparición de Carol y la muerte de dos personajes protagonistas, T-Dog y Lori. La muerte de esta última, especialmente dramática, constituye el clímax de esta primera parte de la temporada. Lori se pone de parto, Maggie se ve obligada a realizarle una cesárea de urgencia pero no logra evitar que muera durante el procedimiento. Entonces es su propio hijo, Carl, quien termina ejecutándola para evitar que se convierta en un zombi. Todo sucede muy rápido. Los personajes se ven obligados a actuar ante las circunstancias. Acción, reacción. Un episodio clave que pone en evidencia la transformación narrativa llevada a cabo por The Walking Dead.

A partir de ese momento la serie se afianza en la utilización de la sorpresa como dispositivo narrativo primordial. Sin anuncio previo se nos presenta a Penny, la hija del Gobernador, en “Say the Word” (3.5) y del mismo modo tiene lugar el encontronazo entre Maggie, Glenn y Merle en “Hounded” (3.6) o la muerte de Oscar en “Made to Suffer” (3.8).

Aunque bien es cierto que la serie no renuncia del todo al suspense —ahí está, por ejemplo, la trama de Rick y el teléfono—, su uso es mínimo a lo largo de estos ocho primeros episodios de la tercera temporada. El elemento sorpresa es, sin duda alguna, el elemento esencial.

Por último, la transformación de su estilo narrativo ha venido acompañada de otro cambio esencial para entender la solidez alcanzada por la serie. La ficción de AMC ha encontrado por fin su propio discurso. Partiendo de los mismos elementos del cómic original, la serie televisiva ahora va por otro camino y lo hace sin miedo a las comparaciones, permitiéndose jugar con el relato, alterando los arquetipos preestablecidos. En definitiva, The Walking Dead ha dejado de ser la copia defectuosa de la obra de Kirkman. Ya no vale decir que el cómic es mejor. Ahora el cómic es simplemente otra cosa.

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