‘Downton Abbey’ y la elipsis

Downton Abbey nunca ha ocultado, tanto desde un punto de vista argumental como formal, que se inscribe dentro de la tradición de la soap opera, o lo que es lo mismo, del folletín televisivo. A pesar de que estos términos se utilicen a menudo de forma peyorativa, lo cierto es que simplemente se refieren a un género narrativo.

Downton Abbey

Un género que, además, desde los años 80 ha influido decisivamente en toda la serialidad televisiva contemporánea cambiando las formas tradicionales del drama episódico. Las tramas seriales, la prolongación de los acontecimientos o la acumulación de personajes son características esenciales de la soap opera clásica que, en estos días, podemos encontrar en la mayoría de series de la parrilla, desde Nashville a The Good Wife. En ocasiones los elementos de soap opera conviven con otros géneros —suspense, acción, musical— y en otros casos el género se presenta sin mixturas, como sucede en Downton Abbey.

Aún y así, la serie de Julian Fellowes no se limita a reproducir los esquemas de la soap opera clásica. Downton Abbey innova a través de un uso destacado de la elipsis, una figura narrativa que resulta determinante en la percepción del conjunto. (Lo que sigue a partir de aquí puede contener SPOILERS)

En su estudio de la soap opera, el teórico Robert C. Allen habla de la redundancia como una de las características principales del género. Allen observa que estas ficciones no sólo no evitan la repetición de información, como suele ser habitual en otras ficciones, sino que la propician, convirtiéndola en virtud y no en defecto. Estas repeticiones tienen dos funciones. Por un lado, se busca que tanto los espectadores habituales como los esporádicos conozcan por dónde va la trama de la serie en todo momento. Por otro lado, Allen llega a la conclusión que la soap opera es un género basado en la reacción y no en la acción. El espectador encuentra la mayor parte del placer viendo cómo los personajes reaccionan ante acontecimientos pasados. Por ese motivo, los grandes momentos del relato, los más esperados, son aquellos en los que un personaje revela un secreto a otro personaje. No importa que el espectador ya conozca esa información. Lo verdaderamente importante es asistir a ese instante para contemplar cuál es el impacto del descubrimiento.

Downton Abbey, por contra, utiliza la estrategia opuesta. Acumula secretos y medias verdades de las que hace cómplice al espectador, pero luego elide sistemáticamente el momento de revelación. Tomemos, por ejemplo, uno de los secretos fundamentales de la serie: la muerte de Kemal Pamuk. El espectador conoce de sobras el acontecimiento, de modo que todas las expectativas se centran en ver el momento en que esta información llegará a oídos de Lord Grantham. A medida que avanza la serie, el secreto circula entre los personajes pero siempre manteniendo al patriarca al margen. “Please, don’t say papa”, dice atemorizada Lady Mary. Así que sabemos que cuando finalmente el padre descubra el secreto —porque lo va a descubrir— su reacción será un momento imperdible. Pues bien, la serie demora ese instante al máximo y cuando por fin llega, nos niega la reacción de Lord Grantham. La escena que tanto esperábamos termina justo cuando Cora va a contarle a su marido cómo murió realmente Pamuk y la reacción del patriarca sucede fuera de campo.

No es un hecho aislado. Downton Abbey recurre a este tipo de elipsis constantemente. Cuando un personaje se dispone a contar a otro personaje información que el espectador ya conoce, la serie elude la repetición. En el fondo se trata de una estrategia destinada a agilizar el relato pero aquí se traduce en un recurso anticlimático y decepcionante. La serie no basa su narración en los giros de guión inesperados, sino en la circulación de informaciones. Negar precisamente esas escenas es traicionar la esencia de la serie.

Más allá de eso, Downton Abbey tiene una marcada tendencia general a la elipsis. En ocasiones, la serie elide escenas obligatorias negando al espectador la contemplación de acontecimientos clave. Nunca vemos la boda entre Lady Sybil y Tom Branson, por ejemplo, ni tampoco asistimos al momento del “sí quiero” entre Lady Mary y Matthew Crawley. Esta última omisión ha causado cierta polémica en los Estados Unidos. El equipo creativo de Downton Abbey sostiene que no quieren ser previsibles, que no quieren darle al espectador lo que espera. Pero es precisamente ésa la naturaleza de la soap opera.

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